A mis amados consiervos, los pastores
- Gilberto Corredera

- 17 mar
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Actualizado: 19 mar
Por Pastor Gilberto Corredera
El ministerio pastoral es una obra noble, pero no sencilla. La Escritura dice: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1). Sin embargo, también establece un estándar alto: el pastor debe ser “irreprensible” (1 Timoteo 3:2). El llamado incluye carácter, integridad y una vida bajo constante rendición de cuentas.

Además, como pastores, llevamos el peso sagrado de velar por las almas. Pablo le dijo a los hebreos que respetaran a sus líderes porque ellos velan “por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Hebreos 13:17). Un día estaremos delante del Señor para dar cuentas sobre lo que hicimos con el rebaño que Él nos confió. Esa responsabilidad es solemne.
También enfrentamos oposición. Pablo sabía esto y por eso advirtió a los ancianos de la iglesia que tuvieran cuidado con los falsos maestros, diciendo: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:29). La vigilancia espiritual es parte de nuestra labor. Y, sin embargo, no debemos olvidar que nosotros mismos somos ovejas, dependientes de Cristo y necesitados del cuerpo, la iglesia. Por eso Pedro nos exhorta: “Apacentad la grey de Dios… no por fuerza, sino voluntariamente… no como teniendo señorío… sino siendo ejemplos” (1 Pedro 5:2–3).
Los animo a que sirvamos con mansedumbre y diligencia, esperando que “cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:4).
Querido pastor, ánimo. Aunque los frutos de su labor no siempre sean visibles, “fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24). Cristo, quien tiene “toda potestad”, prometió: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:18, 20).
Recuerda siempre: “vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Persevera. Él es fiel.




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