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El corazón de una madre

Por Clara Molina, Directora Ministerio de Mujeres


Cuando yo estaba pequeña, muchas veces escuchaba a los adultos decir, “La madre es una, ¡pero padre puede ser cualquiera! Ese refrán no es necesariamente cierto porque en verdad no todas las mujeres nacieron para ser madres y a veces existen padres que hacen mejor trabajo que ellas.



Madres son muchas: hay madres casadas, solteras, adoptivas, voluntarias, temporáneas, madrastras y aquellas con espera de algún día ser madres.

Hay madres que aman, idolatran y dan sus vidas por sus hijos y hay otras que solamente son mujeres o varonas las cuales abortan, maltratan, regalan y hasta matan a sus propios hijos.


“Los hijos son un regalo de Dios! El Salmo127:3 dice: Los hijos son una herencia del SEÑOR, los frutos del vientre son una recompensa.” Si creemos que nuestros hijos son como un regalo de Dios, tenemos que cuidar de esos regalos con un corazón auténtico de madre.


La mujer que quiere tener un corazón de madre reconoce que el corazón es engañoso y perverso, que solo Dios lo conoce bien (Jeremías 17:9-10—RVC) y que para mantenerlo en forma necesita reconoce que ella no es perfecta, necesita sumergirse en la palabra de Dios, conocer más a Dios (Jeremias 24:7) y depender de Dios, según vive por fe imitando a Cristo.


Para que el corazón de una madre ame a sus hijos es importante que ella primero ame a Dios sobre todas las cosas, con todo su corazón y que enseñe a sus hijos a que hagan lo mismo (Deuteronomio 6:4-5). Es transcendental que ella modele su fe, viva su fe y comparta su fe con sus hijos. Que también discipline a sus hijos porque, el Señor disciplina aquellos a quien Él ama, (Hebreos 12:6, Éxodo 20:12) y enseñe a sus hijos a obedecerle a ella como madre y a obedecer a Dios como Padre y creador, para que no pierdan las bendiciones que Él le ofrece (Efesios 6:1-3).


El corazón de una madre ama a sus hijos incondicionalmente, y no los hace ídolos, ora por sus hijos diariamente, se preocupa en enseñarlos a perdonar, pedir perdón, (Mateo 6:14) demuestra cómo hacerlo y también no tiene favoritismo entre ellos.


El corazón de una madre cría a sus hijos a ser independiente. Llegó un tiempo donde Jesús se fue a ministrar y dejó su madre y a su familia. A veces las madres no dejan a sus hijos progresar por tenerlos siempre a lado con miedo de que algo le pase y no lo dejan aprender de sus errores.


Y finalmente, el corazón de una madre no se aprovecha de sus hijos porque ellos no le deben nada por haberlos tenido. El corazón de una madre promueve la pureza y protege la mente de sus hijos (Salmo 51:10, 66:18, Mateo 5:8).


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