El poder de las palabras
Por: Clara Molina, Directora del equipo de mujeres de la RBH
Las palabras tienen el poder de glorificar, adorar y alabar a Dios. Las palabras se pueden escuchar, decir y escribir y guardar en el corazón, pero para bien o para mal, nunca se pueden retirar después de ser dichas.

La palabra de Dios dice que, “El que quiere amar la vida y ver días buenos refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño” (1 Pedro 3:10—RVC). Cuando la Biblia dice “la lengua” se está refiriendo al órgano actual como una metáfora describiendo a las palabras que salen de la boca de las personas.
La lengua también puede hacer daño a los demás según Santiago 3:5 que dice, “como un fuego pequeño que cuando se enciende quema todo un bosque.” Este pequeño, pero poderoso órgano del cuerpo,según Santiago 3:8, “es un mal incontrolable, lleno de veneno mortal,” especialmente cuando se usa para herir,
chismear, o maldecir.
Muchos con sus palabras pecan y demuestran su hipocresía porque y esto se puede observar en Santiago 5:9 que dice, “con ella [la lengua] bendecimos al Dios y Padre, y con ella [la lengua] maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.”
Las palabras tienen poder y antes de decir algo, es importante meditar en lo que se va a dice. Colosenses 4:6 dice, “Procuren que su conversación siempre sea agradable y de buen gusto, para que den a cada uno la respuesta debida.” Además, “Si alguien parece ser religioso y no refrena su lengua, sino que engaña a su corazón, la religión del tal es vana” Santiago 1:26-RVA-2015.
Las palabras ofensivas son comunes en la sociedad y se usan como palabras pasajeras, pero ofenden a Dios y a los demás. La Biblia dice, “Ninguna palabra obscena salga de su boca sino la que sea buena para edificación, según sea necesaria, para que imparta gracia a los que oyen.” (Efesios 4:29—RVA).
Las palabras tienen poder y cada creyente será juzgado por lo que dice; “Pero yo les digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen. Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado,” (Mateo 12:36-37—RVA.
El uso de las palabras dejan buenos o malos resultados; “La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que gustan usarla comerán de su fruto” (Proverbios 18:21), y solo Dios puede controlarla (Santiago 3:8).
La lengua no trabaja sola, necesita unirse con los labios y el resto de la boca para que pueda producir una palabra, al igual la lengua no se puede controlar sola porque, la persona necesita ejercitar control propio y depender de Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo para que la controle.




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