El trono no está vacío: Cristo reina
- Dr. Luis Soto

- 3 abr
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Por Dr. Luis Soto
Al contemplar las últimas semanas de la vida terrenal de Cristo —su nacimiento humilde, su crucifixión y su resurrección— podemos afirmar con certeza: el pesebre está vacío, la cruz está vacía y la tumba está vacía. Pero hay algo que nunca ha estado ni estará vacío: el trono.

Vivimos en un mundo donde los tronos humanos se tambalean. Gobiernos caen, líderes decepcionan y promesas se rompen. Sin embargo, el trono del cielo permanece firme porque Cristo reina.
El evangelio no termina en la cruz. La ascensión de Cristo es la culminación de su obra redentora. En Hechos 1:9–11 se nos relata que Jesús fue alzado al cielo y recibido por una nube, símbolo de la presencia divina. Este acto no fue una simple despedida celestial, sino una entronización real.
La cruz fue su humillación, la resurrección su vindicación y la ascensión su exaltación.
La Escritura declara que Cristo ahora reina a la diestra del Padre. Salmo 110:1 y Hechos 2:33–36 muestran que Jesús ha sido hecho Señor y Cristo. Esto significa que Él no es un Salvador ausente, sino un Rey entronizado con toda autoridad.
El evangelio no solo anuncia perdón de pecados; proclama el establecimiento del Reino de Dios bajo el señorío de Cristo.
Desde el cielo, Cristo continúa su ministerio. Hebreos 7:25 afirma que vive para interceder por los que se acercan a Dios por medio de Él. Nuestro Salvador no solo murió por nosotros; también nos representa continuamente ante el Padre.
Finalmente, la ascensión apunta hacia el futuro. Los ángeles declararon que ese mismo Jesús volverá como lo vieron ir al cielo. El Rey regresará en gloria.
Por eso, la iglesia vive con esperanza. El trono no está vacío. Jesús reina hoy, intercede por su pueblo y un día volverá.
Vivamos entonces bajo su señorío, proclamando su Reino y esperando con gozo su glorioso regreso.


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